7. ¿Quién dijo que ser vendedor es fácil?


Parecía que la vida en Riesgotruth iba a volver a la normalidad. Los habitantes, aunque aún un poco asustados, salían de casa cada vez más para visitar a sus amigos, tomar una copa o cotillear con los vecinos. La librería de César que durante las últimas semanas no tenía muchos clientes revivió nuevamente, aunque cabe mencionar que ahora el mayor interés despertaban las novelas policíacas. Para César que vendía los libros y al mismo tiempo intentaba resolver el misterio de asesinatos junto con Francisco López, no era fácil conciliar uno con otro, por lo que muchas veces se preguntaba si hacía bien metiéndose en este asunto. Su cansancio y distracción no quedaron desapercibidos por los clientes que empezaron a contar los chismes de lo que le había pasado a César Valdés que empezó a confundir los autores de libros que él mismo vendía. El punto culminante era el día en que interpretó mal los deseos de una mujer y en vez de un paseo romántico bajo la sombra de magnolios, le ofreció una cabaña embrujada en el bosque. Cuando al final de ese día se fue a dormir, se dijo con firmeza que ser vendedor y detective no era tan fácil como uno podría pensar.
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Al amanecer lo despertó la llamada a la puerta. Poniéndose la bata, bajó la escalera y al ver la cara conocida, se apresuró a abrir la puerta. Señor López parecía como si hubiera envejecido veinte años desde su último encuentro. Su cara estaba pálida como un cadáver, debajo de los ojos tenía bolsas oscuras y su pelo siempre cuidadosamente peinado estaba totalmente desordenado. Su aspecto asustó a César que inmediatamente entendió que había pasado algo muy malo.
— Hemos fallado, señor Valdés — dijo con tristeza López, sentándose en el sillón más cercano —. Seguimos sus consejos e hicimos una trampa en el Callejón de Piedra. El cuerpo de Esteban Gómez ha sido encontrado hace unas horas en el Pasaje de Piedra. Nos hemos equivocado. Nos hemos equivocado y una persona inocente pagó con su vida por este error. Volvemos al principio — dijo resignado, tapándose la cara con las manos.
César lo miraba sin decir nada. ¿Dónde cometieron error? Calcularon con precisión el lugar del asesinato, analizaron mil veces este maldito libro. Rechazaron el Pasaje de Piedra, considerándolo demasiado conocido y concurrido. Por qué atacar en el lugar tan...Oh, cómo pudo ser tan estúpido.
— Quería que encontrásemos el cuerpo la misma noche — dijo lentamente César —. Quería mostrar que es él quien coloca las piezas...como en el libro. El Callejón de Piedra tiene mala fama, la mayoría de los habitantes prefiere estar lejos de allí. Deberíamos haberlo sabido. Es mi culpa, señor López. No presté mucha atención a este fragmento y luego... — a César le falló la voz.
— No diga tonterías. Si no usted, no sabríamos nada. No voy a mentir, este error nos afecta a todos nosotros, lo que es más, este mal nacido puede enterarse de nuestra acción. Hasta ahora hemos trabajado en la sombra, pero no es tonto, tarde o temprano descubre nuestras intenciones. Ojalá no fallemos la próxima vez, es lo único que nos queda ahora.

Cerca resonó una risa siniestra.

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